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Basura cero: lo que CDMX tuvo que corregir para no colapsar

by Jorge L. Granados
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Durante mucho tiempo, basura cero no formó parte del manejo de residuos en la Ciudad de México. La basura se administró bajo la idea de que el sistema podía absorberlo todo: camiones, rutas y rellenos sanitarios operaban con una lógica de recoger y trasladar, sin detenerse demasiado en lo que ocurría después. Ese modelo funcionó mientras el volumen fue manejable. Cuando dejó de serlo, el problema se volvió estructural.

Basura cero surge justo en ese punto. No como una idea aspiracional, sino como una corrección necesaria. La ciudad comenzó a revisar dónde se perdía el control del recorrido de los residuos y qué ajustes eran indispensables para evitar que el sistema siguiera acumulando fallas.

Cuando la cantidad empezó a romper el sistema

En 2019, la capital generaba alrededor de trece mil toneladas diarias de residuos urbanos. A ese flujo se sumaban materiales provenientes de obras públicas, remodelaciones y demoliciones que entraban al sistema sin una ruta definida. Más de ocho mil toneladas terminaban cada día en rellenos sanitarios, elevando costos y presionando una infraestructura que ya operaba al límite.

El problema no era solo el volumen. Era la falta de diferenciación. Todo seguía el mismo camino, sin importar si podía aprovecharse o no. Esa mezcla constante volvió ineficiente cualquier intento de control y dejó claro que el modelo debía cambiar desde el origen del residuo.

Proceso de separación de residuos en planta de la CDMX como parte del sistema de basura cero y su control operativo.
vía: SEDEMA

Basura cero comenzó por ordenar el recorrido

La respuesta no fue inmediata. Basura cero tomó forma cuando la ciudad decidió reorganizar el trayecto completo de los residuos. En el marco del Día Mundial del Hábitat, la Secretaría del Medio Ambiente planteó un enfoque basado en economía circular: reducir lo que llegaba a disposición final y recuperar valor donde fuera posible.

Para lograrlo, se retomó una base técnica que ya existía. La Norma Ambiental NADF-024-AMBT-2013 establecía desde años atrás la separación diferenciada de residuos. Basura cero la convirtió en eje operativo. Separar dejó de ser una recomendación y pasó a ser la condición mínima para que el sistema no volviera a fallar.

La separación que sostiene a basura cero

Dentro del esquema de basura cero, la separación se volvió un tema operativo. Los residuos orgánicos ocuparon el primer plano. Restos de alimentos, residuos vegetales y jardinería representan una fracción importante de lo que se genera diariamente. Cuando se mezclan, aumentan peso, costos de traslado y saturación. Cuando se separan, el escenario cambia.

Su transformación en composta reduce volumen, acorta recorridos y libera presión sobre los rellenos sanitarios. No se trata de un ajuste menor, sino de una modificación que impacta directamente en la capacidad del sistema.

Los inorgánicos reciclables siguen otra lógica. Cartón, vidrio, metales y plásticos conservan valor solo si llegan limpios. En basura cero, su destino depende por completo de la separación en casas, oficinas y comercios. Una mala clasificación en el origen arrastra consecuencias a lo largo de toda la cadena.

Clasificación manual de residuos urbanos en instalación industrial dentro de la estrategia de basura cero en la Ciudad de México.

Los residuos que no siguen la misma ruta

No todo dentro de basura cero está pensado para reaprovecharse. Los inorgánicos no reciclables, incluidos los residuos sanitarios, requieren rutas diferenciadas. Colillas de cigarro, toallas sanitarias, papel de baño, pañuelos desechables o chicles no pueden mezclarse sin afectar otras fracciones.

Separarlos protege al sistema. Evita que materiales aprovechables se contaminen y permite que las plantas de separación operen con mayor estabilidad. En este punto, basura cero no busca soluciones universales, sino trayectos claros para cada tipo de residuo.

Ajustes operativos entre 2020 y 2022

Los primeros años fueron de corrección constante. Entre 2020 y 2022, las rutas de recolección se ajustaron, la infraestructura se reforzó y la separación empezó a integrarse con mayor claridad en la rutina urbana. El proceso fue gradual y exigió revisiones continuas.

En esta etapa se identificó un patrón: muchos problemas nacían en el origen. Una bolsa mal separada podía inutilizar el trabajo posterior. La gestión de residuos empezó a depender menos de correcciones y más de prevención desde el primer punto del recorrido.

Ingreso de bolsas separadas a planta autorizada de reciclaje en CDMX bajo el modelo de basura cero.

Reducir lo que llega entre 2022 y 2024

Con el sistema más ordenado, basura cero se enfocó en disminuir de forma tangible el envío a rellenos sanitarios. La meta fue reducir hasta en un setenta y cinco por ciento el volumen respecto a 2019. Para lograrlo, se reforzó el control de grandes generadores y se ajustó la coordinación entre separación y recolección.

El avance no ocurrió en un solo frente. Hogares, centros de trabajo y servicios públicos formaron parte del mismo engranaje. Cada residuo correctamente separado alivió presión y permitió que el sistema operara con mayor eficiencia.

Cuando el aprovechamiento empezó a tomar forma

Entre 2024 y 2025, la reducción del volumen enviado a disposición final abrió espacio para el aprovechamiento de materiales. La fracción orgánica se vinculó con procesos de compostaje y mejora de suelos urbanos. Los reciclables comenzaron a integrarse con mayor claridad a cadenas productivas.

En este punto, la economía circular dejó de ser un concepto técnico y empezó a reflejarse en la operación diaria. Los residuos comenzaron a reincorporarse a nuevos ciclos dentro de la ciudad, siempre que la separación se realizara correctamente.

Separación de residuos urbanos en espacios públicos y centros de trabajo como parte de la gestión integral de residuos en CDMX.

Ordenar antes de simplificar

Hacia finales de 2025, el programa Transforma tu ciudad, cada residuo en su lugar reforzó el esquema de basura cero. Colores, calendarios y criterios se alinearon para reducir confusión y preparar una transición operativa más clara.

La intención fue ordenar antes de simplificar. Frente a la cantidad de esquemas acumulados, la separación debía volverse comprensible para sostener el siguiente paso sin retrocesos.

El sistema que entra en 2026

A partir del 1 de enero de 2026, la separación en la Ciudad de México se reorganiza en tres fracciones principales: residuos orgánicos, inorgánicos reciclables y residuos sanitarios, donde se concentran los residuos sanitarios. Este ajuste se apoya en el orden previo y busca reducir errores en la clasificación cotidiana.

El objetivo es reciclar o aprovechar al menos el cincuenta por ciento de los residuos generados diariamente. En esta etapa, la prioridad es operativa y de información, con énfasis en que el sistema funcione de manera continua y estable.

Campaña visual de residuo cero en la Ciudad de México que muestra contenedores diferenciados y correcta clasificación.
imagen que ejemplifica la correcta separación de residuos en CDMX


Basura cero como corrección urbana

El impacto de basura cero no se mide solo en cifras, sino en estabilidad. Rutas más eficientes, menor presión sobre la infraestructura y un manejo más claro de los residuos urbanos muestran un sistema que dejó de reaccionar y empezó a anticiparse.

Seguir el recorrido real de la basura permite entender que basura cero no es un discurso. Es una corrección técnica que integra separación, normativa y operación cotidiana para responder a la escala real de la Ciudad de México.

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